De los líderes de opinión a los influenciadores

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Se suele decir que los ‘marketinianos’ tendemos a etiquetarlo todo y a rebautizar técnicas y recursos ya utilizados en el pasado, por lo que el caso del “último grito” en marketing con los llamados ‘influenciadores’, no podía ser menos.

Hace más de seis años trabajé en algoritmos que entendieran las tendencias y, así, clasificaran a las personas según su grado de autoridad en ciertos temas. A estos se les conocía como “líderes de opinión”, figuras de autoridad en el ámbito público con objetivos reales para influir sobre la opinión de otros individuos. En ocasiones, lo hacían a través de un contenido adquirido de los medios de comunicación, y en otras, propagaban contenidos nuevos en base a esos mismos medios o canales para entender cómo se movían, cómo hablaban y, en definitiva, cómo influían.

Los jóvenes de la época vieron en ello una gran oportunidad, ya que las marcas pedían a dichos líderes de opinión que se posicionaran favorablemente hacia sus marcas a cambio de patrocinios, trueques y muchas otras fórmulas. Evidentemente, eso no significaba que esos líderes aceptaran hablar bien de una marca a cambio de una aparición en televisión, una cámara o dinero, no. Los líderes tenían algo bueno: solo hablaban bien de algo si les gustaba. Si no, no lo criticaban y tampoco callaban. Por su parte, las marcas encontraban dos factores decisivos en el caso de contar con estos líderes de opinión: captar su audiencia y la calidad de sus redacciones y trabajos.

Hoy día, el concepto de ‘líderes de opinión’ ha evolucionado hacia los conocidos ‘influenciadores’, o lo que es lo mismo, marcas personales que pueden influir en otras, tanto en la decisión de compra de un producto como en crear la necesidad de adquirirlo aunque no se encuentre entre nuestras exigencias. Dicho de otra manera: puro marketing.

Respecto a los nuevos objetivos por perseguir, la fórmula también ha cambiado. Ahora, las variables con las que cuenta un influenciador se basan únicamente en su capacidad de audiencia. La calidad en ‘autoridad’ de su contenido, ya sea textual o audiovisual, ya no importa tanto. Expertos en redes sociales, los ‘influencers’ sí se esmeran en complementar sus contenidos con imágenes fotográficas o audiovisuales espectaculares, como un ‘gancho conector’ de las empresas para generar vínculos emocionales con gran repercusión entre sus seguidores.

También son conocidos por cuidar mucho el horario, la apariencia de sus publicaciones y la atención de las peticiones de sus seguidores. En definitiva, se adaptan a la demanda de su audiencia a través de impactos y ‘leads’ y proyectan el grado de su éxito influyente – tras las cuentas de resultados – más como una cuestión de valor de marca que de compra de productos.

Aunque aún sea un sector minoritario y en constante progresión, la realidad del marketing de ‘influencers’ dicta a las empresas que, por pequeña que sea la acción, se debe trabajar conjuntamente para que el producto o servicio sea compatible con sus valores y se puedan marcar objetivos similares: una audiencia más dinámica y más positiva, la cual pueda medirse en resultados efectivos al finalizar la demanda y puedan cotizarse para acciones posteriores. Lo cierto es que ya no basta encontrar ‘influencers’ con una imagen adecuada; también deben ejercer un impacto real de audiencia sobre sus seguidores.

Es así como marcas y empresas ven en el ‘timeline’ de estas figuras influyentes el impacto deseado sobre sus seguidores y sus potenciales consumidores. No solo saben generarlos, sino que también son creativos a la hora de mantenerlos, lo que es otra ventaja positiva más para las marcas.

Con todo, muchos podrían creer que hoy día toda esta cuestión podría etiquetarse como meros “mercenarios sin escrúpulos”. Sin embargo, y de hecho, ¿no es la esencia del marketing crear necesidades al consumidor?

By | 2017-05-04T12:25:59+00:00 Enero 2, 2017|Comunicación, Reputación|0 Comments

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